The Bleeding Heart Show

Llegar a ti, entonces, es buscar
la voz de una niña entre las multitudes,
recoger el miedo interminable
que origina un viento nocturno,
iluminar el amor con una lámpara
de primitivo y de dulce aceite,
tocar con los dedos un pájaro de azúcar
que besa el cuello de las mujeres,
limitar la invasión de la nieve
que llega con sus armaduras de frío
y verte tranquila y reposado
quemando el intacto silencio.

Oscar Acosta

Lo besa con hambre y el beso la va recorriendo toda; es un beso que toca sus pulmones, su estómago, su vientre, el sexo, las piernas, cada uno de los dedos de sus pies, un beso que viaja a vela por su sangre, que le confunde el cerebro, que le zumba en los oídos y que convierte su lengua en un diccionario de palabras mudas que ella va deletreando con cada aspiración sin saber qué dicen, pero sabiendo que están diciendo cosas, que el beso tiene su idioma propio y que él y ella se están hablando lo que jamás podrán conversar.

Gioconda Belli

Me dije que jamás podría abandonar mi corazón. Por más pesado, por más triste que fuera en ocasiones, en otras surcaba el viento igual que un pájaro y alcanzaba a ver el infinito.

Haruki Murakami

Qué delicia delgada, incomprensible, la de verte de lejos,
y soportar los golpes de alegría que de mi corazón ascienden
al acercarme a ti por vez primera; siempre por vez primera, a cada instante…

Ruben Bonifaz Nuño

(Fuente: hauciartz, vía beqiie)

(Fuente: artbymoga, vía powells)

El amor no es costumbre, ni la soledad es un abismo.
— Luis Ángel Zola (via ella-habla-sola)

(vía gabdv)

(Fuente: desenharts, vía pandastrid)

Los hombres no buscan el sufrimiento intencionadamente. Pero, sin embargo, sus ojos y su cuerpo sólo decian una palabra. El no la pronunciaria jamás. Si lo hiciera, seria una palabra amarga. Terriblemente cruel. Era… ”Vuelve”.

Banana Yoshimoto

Bartleboom cree que en alguna parte, por el mundo, encontrará algún día a una mujer que, desde siempre, es su mujer. De vez en cuando lamenta que el destino se obstine en hacerle esperar con obstinación tan descortés, pero con el tiempo ha aprendido a pensar en el asunto con gran serenidad. Casi cada día, desde hace ya años, toma la pluma y le escribe. No tiene nombre y no tiene señas para poner en los sobres, pero tiene una vida que contar. Y ¿a quien sino a ella? Él cree que cuando se encuentren será hermoso depositar en su regazo una caja de caoba repleta de cartas y decirle

–Te esperaba.

Ella abrirá la caja lentamente, cuando quiera, leerá las cartas una a una y retrocediendo por un kilométrico hilo de tinta azul recobrará los años –los días, los instantes– que ese hombre, incluso antes de conocerla, ya le había regalado. O tal vez, más sencillamente, volcará la caja y atónita ante aquella divertida nevada de cartas, sonreirá diciéndole a ese hombre

–Tú estas loco

Y lo amará para siempre.

Alessandro Baricco

He aquí, sin lástimas, sin subterfugios, sin versos,
el dolor verdadero.

Joaquín Pasos. 

(Fuente: monologodelsolo)

Ahora amanecí un poco más lúcida, el café se sirvió antes…

Ya sé lo que estabas diciendo…

Cuando estábamos en esos portales

Yo no sabía si soltarte o no hacerlo, cuando hablabas de ese mismo alguien, no sé Daniel, te busco, me acerco, me alejo porque te quiero, siempre lo he hecho, y sí corrí a ti es porque necesitaba alguien que no me juzgara, tenía un poco de miedo conocerte, porque podía no significar nada, pero cuando te divise lejos y después más, y un poco más cerca, supe que todos estos años he tenido a alguien aquí siempre de mi lado derecho, donde está el corazón. Perdóname por no avisarte, por irme a enamorar a otro lado…Por regresar.

Me siento bien contigo, siempre prefiero cerrar los ojos y dormir a tu lado, que con cualquier otra persona, soy más emocional, siempre he vivido en un libro y tu eres ese cuento lejano, creo que siempre lo supiste, prefiero sentirme flotadora y tener emociones reales, que salir con quien sea…Perdón sí me corrompo y si te doy un poema que tengo encarnado, me gustaría ser muchos ayeres, cuando todavía me querías.

Sé que estas enamorado, que quieres estar enamorado de ese mismo alguien.

Tengo una mecedora, unos libros, dos gatos, un perro y el atardecer, te espero siempre para el café, un día coincidiremos otra vez, me gustaría eso, pero no te puedo pedir nada que no me quieras dar…

 

[…]

Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

Pedro Salinas